Cultura milenaria en sus manos

Hace más de dos mil años, fueron los Incas los que comenzaron a tejer prendas de vestir, siendo considerados como los primeros "tejedores" de las culturas precolombinas. Posteriormente, los Incas comenzaron su expansión hacia el sur de América, llegando al noroeste de la actual Argentina. Entre su legado cultural, traían consigo su arte en la confección de vestidos.

La riqueza textil prehispánica en el área andina es reconocida y destacada por la técnica tanto del hilado como de las diferentes estructuras del tejido, los teñidos y los diseños. Su influencia llega al Noroeste argentino y persiste luego de la conquista hasta la actualidad. Aunque en algunos casos intervienen sólo las manos del artesano, las técnicas se distinguen entre sí por la herramienta empleada: con aguja de coser o tejer; con naveta o lanzadera; con bastidor o marco, y  finalmente con telar.

La llegada de los españoles supuso la introducción de un aparejo mecánico más complejo que el que utilizaban los indígenas: el telar español. De la fusión de ambos nace el telar criollo.

Finalmente, la unión de la tradición en la confección de vestidos con el telar criollo nos ha permitido disfrutar hoy de prendas de altísima calidad en su tejido, así como motivos y colores que recogen miles de años de la cultura aborígen latinoamérica.

El telar indígena

Los telares indígenas carecen de pedales y los lizos deben moverse a mano: existen modelos verticales y horizontales.

Hay tres formas de telares verticales; dos constan de dos parantes u horcones, sobre los que se fijan dos travesaños que sostienen la urdimbre. En uno la varilla del lizo está apoyada sobre dos parantes suplementarios. En el otro el lizo cuelga sin apoyo y puede carecer de varilla. Estos telares verticales seguramente deben haberse originado en culturas andinas. El tercer telar vertical consta solamente de dos parantes verticales entre los que se extiende la urdimbre.

Los telares indígenas horizontales son también de tres tipos. Dos constan de cuatro estacas clavadas en el suelo que sostienen a dos travesaños sobre los que se sujeta la urdimbre. En uno, la vara del lizo está apoyada sobre dos postes y la urdimbre casi toca el suelo (telar de suelo o en el suelo), es característico de la región del Noroeste argentino conocida como la Puna. En el otro, el lizo carece de apoyo y la urdimbre está a mayor distancia del suelo; se conoce también en otras zonas del país. El tercer telar horizontal es el llamado telar de cintura, porque un extremo de la urdimbre se sujeta a la cintura de la tejedora mediante una faja o cuerda que sostiene el travesaño, o mediante un alfiler si se trata de una obra angosta; el otro extremo tiene el travesaño sujeto a una o dos estacas. Son todos de origen andino y también se han difundido a otras regiones.

Telares de origen europeo

El más importante es un telar con pedales que introdujeron los españoles en América. Posee una compleja historia, pues es más que probable que los lizos manejados por pedales sea una invención china. Este telar “criollo” es usado en el Noroeste, Centro, Nordeste y otras zonas de Argentina.

El modelo español en general se simplificó, en parte por influjo de los telares indígenas, más sencillos, y tal vez por disponer de espacios más amplios que hacían innecesarios dispositivos como el enjulio de atrás, destinado a enrollar el extremo de la urdimbre opuesto al que se estaba tramando.

Hay dos tipos de telares europeos. El primero consta de una parte fija constituída por cuatro horcones de 1,50 a 1,70 m de alto, que delimitan un rectángulo cuyo ancho es variable; una medida común es de 1,40 m, pero hay telares para telas de doble ancho donde tejen dos tejedoras simultáneamente.

Estos horcones sirven para sostener dos largueros en los que a su vez se apoyan dos travesaños o volteadores. De uno de estos siempre cuelgan los lizos con sus pedales. Para ciertas telas se cuelga del otro travesaño un pesado marco (la caja del peine) con el peine, que es una rejilla de 70 cm o 1 m de largo hecha con espinas, tiras de caña o alambres, entre los cuales pasa la urdimbre. El peine se emplea para ajustar la trama en tejidos de urdimbre rala; fue una importante contribución española a la tejeduría americana.

En el par de horcones más cercano a la tejedora se sujeta el envolvedor, que es un madero aproximadamente cilíndrico, con una canaleta y un extremo perforado, en el cual se va arrollando la tela ya tejida. El otro extremo de la urdimbre, sin tejer, se carga en otro palo que se sujeta a una estaca o a un par de postes clavados a una distancia acorde con el largo de la urdimbre, que puede ser de 5 o 6 m.

El segundo telar de origen europeo es el peinecito o flequero; se emplea para tejer ribetes con flecos o sin ellos. Su función es complementaria de la del telar con pedales en la elaboración de los ponchos. En realidad, se trata de un lizo rígido de madera con forma de enrejado o parrilla, construido por una serie de dientes paralelos perforados en el centro y separados por estrechas hendiduras. El peinecito puede ser fijo (en tal caso posee un pie que se clava en el suelo o se asegura a un objeto fijo) o móvil. Los hilos de una capa de la urdimbre pasan por los orificios de los dientes; los de la otra capa pasan por las hendiduras entre ellos. Al subir o bajar el peinecito móvil o al elevar y bajar la urdimbre (en el caso del peinecito fijo) se crean los pesos para colocar la trama. Cuando se confeccionan flecos se les da un largo uniforme mediante una tablita que se coloca contra el borde la urdimbre y alrededor de la cual van pasando las sucesivas tramas.

¿Cómo es un telar criollo?

Se arma con cuatro horcones bajos y dos largueros, sobre el que cruza otro travesaño del que penden los lizos. Entre el primer juego de horcones, a una altura media, va atada la pintuna y debajo de los lizos están las pisaderas.

Las telas van tomadas en la pintuna y el otro extremo en el palo de urdir, el que va atado a dos estacas que van clavadas en el suelo. Las palas para tejer son una especie de larga cuchilla de algarrobo con un lomo y un filo.

Tramada la tela, se golpea con la pala, se cruza la urdimbre y se vuelve a tramar y a golpear. Le tela realizada se va envolviendo en la pintuna, grueso cilindro de madera el que es sujeto en sus extremos por un eje de madera dura ó hierro, el templador.

El peine es otro accesorio especial que lleva muchos dientes, por cada uno de los cuales pasa un hilo de la urdimbre. Se usa para hacer géneros de una ó dos fases.

Terminada la tela, se teje aparte el fleco que será cosido a mano. El planchado se hace a través de un trapo húmedo.

Lo que se produce hoy en telar:

  • Manta: tienen una dimensión de 2,30 m. de largo por 1,30 m. de ancho, generalmente de vicuña ó alpaca. En contra de lo que podemos entender como mantas en España, la "manta" tradicional argentina es un abrigo que se lleva sobre los hombros. Es muy cómodo y abrigado. Confiere un aspecto elegante y distinguido
  • Poncho: De aproximadamente 1,80 m. de largo por 1,30 m. de ancho, es una manta cerrada con una boca para ponerse por la cabeza. Aunque nuestra referencia visual más cercana es el poncho mexicano, los ponchos argentinos son parte de ese mismo tronco común de las culturas americanas precolombinas.
  • Puyo: También llamados cobija, se usa para abrigar la cama. Son de lana hilada gruesa y luego frisados con el cardador, caña gruesa con una gran abertura y un mango con varias cardas (variedad de cardo) encajadas.
  • Corbatín: bufandas finas ó gruesas, pueden ser cardadas. Tienen medidas aproximadas de 0,40 m. de ancho por 1,50 m. de largo. Cuando son muy grandes se llamas chalinas.